Lácteos, industrialización y salud
Los lácteos lideran el ranquin
de los alimentos con más residuos de sustancias químicas sintéticas. En
muestras de leche de España se han encontrado sistemáticamente residuos de
pesticidas, herbicidas, antibióticos, antiinflamatorios, analgésicos,
antifúngicos, dioxinas, y un largo etc.
En 2012, un
juez dio la razón a la OCU sobre un informe que delataba la mala calidad de la
leche española, asociación a la cual, encima, denunciaron por ello (1).
Tóxicos de la leche industrial: lo que
ocultan las etiquetas
En el cordón umbilical de
bebés, que ni han tenido tiempo de llegar a este mundo, se han identificado de
media 287 sustancias químicas, desde pesticidas, a mercurio o teflón. 208 de
esas sustancias está experimentalmente demostrado en ratas que producen
defectos de nacimiento. 217 son tóxicas para el sistema nervioso y 180 de ellas
está demostrado que causan cáncer (2). Eso por separado y a corto plazo,
imaginad el daño de las 287 sustancias juntas durante años. El Dr. David
Backer, profesor en la Universidad de Southampton afirma que se ha dejado de
lado la idea de que las enfermedades tuvieran algo que ver con la vida en el
feto. Y la ciencia ahora demuestra que la exposición intrauterina a estas
sustancias afecta a diversas enfermedades, desde las cardiopatías, a la
diabetes o el riesgo de obesidad. Esto, lejos de mejorar, va a seguir yendo a
peor: cada año se introducen 1000 sustancias químicas nuevas, para las cuales
obviamente no existen datos sobre el daño que puede causar en humanos su
exposición prolongada. Se acaban de introducir en el mercado, pasarán décadas
hasta que se pueda empezar a conocer algo sobre su impacto real sobre la salud
humana.
La falacia de los estudios de toxicidad
y seguridad alimentaria. Higiene no significa mejor salud
Si comes comida, estás
ingiriendo pesticidas. Se utilizan varios kilos por persona y año, según datos
de la FDA. Lo que se tergiversa con esto de la seguridad alimentaria, la
higiene y los estudios toxicológicos que evalúan la “seguridad” de estas
sustancias con las que rociamos los alimentos es lo siguiente: un alimento en
mal estado provoca un proceso infeccioso en horas y por contigüidad temporal se
pilla al culpable: alguna enterobacteria. Si hay una partida alimentaria
contaminada con estas bacterias, se dispara una “alarma alimentaria”. Sin
embargo, los alimentos plagados de químicos, pesticidas, antibióticos, etc., se
manifiestan lentamente, quizás en forma de cáncer 10 o 20 años después. Y
entonces no se sabe quién ha sido, no se puede señalar a ninguna sustancia
química concreta, ni existe “alarma alimentaria” ni “evidencia científica”,
Cuando se introducen sustancias
químicas en el mercado no se realizan estudios sobre la salud de las personas.
Se realizan estudios de toxicidad. Estos estudios se realizan en ratas, no en
humanos. Se realizan por separado y a corto plazo (es decir, con una sola
sustancia química durante unos cuantos meses). Ésta no es la realidad de
nuestra exposición a los químicos, que es conjunta a muchas sustancias químicas
y durante muchos años. ¿En qué se basa en resumidas cuentas la falacia de los
estudios de toxicidad? Si me permitís un ejemplo sencillo: si por separado se
determina que dosis hasta 500mg de ibuprofeno son seguras, dosis hasta 500 mg
de aspirina son seguras, dosis hasta 600mg de paracetamol son seguras, etc.,
entonces, eso significa que tomar 287 analgésicos a la vez a bajas dosis
durante años es también es seguro. Lo cual es una extrapolación acientífica,
malintencionada y peligrosa. Estos estudios en ratas no evalúan el impacto de
estas sustancias sobre la salud de los seres humanos. Y aunque así fuera, se ha
denunciado que el 65% de los pesticidas aprobados por la EPA ni siquiera han
sido testados o no deberían haber sido aprobados por provocar daños graves (3).
Otro aspecto interesante es que todo este baño de pesticidas y procesamientos
para aumentar la conservación de los alimentos provocan sistemáticamente
alimentos estériles, y el exceso de higiene al que sometemos nuestro estilo de
vida desestabiliza y debilita nuestro sistema inmune (4).

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