miércoles, 13 de mayo de 2015

LA VERDAD SOBRE LA LECHE I




Lácteos, industrialización y salud


Los lácteos lideran el ranquin de los alimentos con más residuos de sustancias químicas sintéticas. En muestras de leche de España se han encontrado sistemáticamente residuos de pesticidas, herbicidas, antibióticos, antiinflamatorios, analgésicos, antifúngicos, dioxinas, y un largo etc.


La verdad sobre la leche. Lácteos, industrialización y salud.La publicidad de las grandes empresas lácteas usualmente nos enseña vacas pastando en idílicos prados verdes al modo tradicional, sin embargo la realidad de esta leche de ganadería intensiva es algo muy diferente. En lugar de pastos frescos y nutritivos, a estas vacas se las alimenta con piensos, semillas y forrajes secos. Ésto empeora el perfil nutricional de la leche y aumenta el riesgo de contaminantes (dioxinas, pesticidas, micotoxinas, metales pesados, etc.) del procesamiento, manipulación y almacenamiento de los piensos. Posteriormente se realiza un procesamiento térmico agresivo (especialmente el UHT) que causa significantes cambios moleculares en la leche con destrucción de vitaminas, minerales, enzimas, desnaturalización de proteínas, eliminación de probióticos, e incluso reacciones de glicación proteicas (Maillard), asociadas con distintas enfermedades como Alzheimer. El tratamiento térmico es además una buena excusa para vender leche poco fresca, como se ha documentado en España. Posteriormente, el envasado y manipulado en revestimientos plásticos supone una transferencia de sustancias químicas que actúan como disruptores endocrinos (Bisfenol A, etc.). Y para poner la guinda al pastel, a menudo se añaden conservantes y otros aditivos, como fosfatos, que interfieren con la asimilación del calcio. Por otro lado, a estas vacas se las destroza el sistema endocrino. Una vaca normal vive unos 25 años, y una vaca de una empresa lechera no pasa de los 4-6 años, exhausta a nivel metabólico y con una alta incidencia de patologías (Sánchez Rodríguez, Zootecnia, Universidad de Córdoba). La vaca es manipulada para estar embarazada prácticamente todos los días de su vida a través de inseminación artificial para aumentar la producción, lo que implica una mayor presencia de hormonas en la leche que ingerimos. A las 24 horas de dar a luz la separan para siempre de su hijo. En contraposición, la agricultura y ganadería ecológica (orgánica o bio) supone una alternativa a todas estas prácticas dañinas y abusivas. Sin embargo, no todo lo orgánico es, ni de lejos, de igual calidad.

En 2012, un juez dio la razón a la OCU sobre un informe que delataba la mala calidad de la leche española, asociación a la cual, encima, denunciaron por ello (1).


Tóxicos de la leche industrial: lo que ocultan las etiquetas
 

En el cordón umbilical de bebés, que ni han tenido tiempo de llegar a este mundo, se han identificado de media 287 sustancias químicas, desde pesticidas, a mercurio o teflón. 208 de esas sustancias está experimentalmente demostrado en ratas que producen defectos de nacimiento. 217 son tóxicas para el sistema nervioso y 180 de ellas está demostrado que causan cáncer (2). Eso por separado y a corto plazo, imaginad el daño de las 287 sustancias juntas durante años. El Dr. David Backer, profesor en la Universidad de Southampton afirma que se ha dejado de lado la idea de que las enfermedades tuvieran algo que ver con la vida en el feto. Y la ciencia ahora demuestra que la exposición intrauterina a estas sustancias afecta a diversas enfermedades, desde las cardiopatías, a la diabetes o el riesgo de obesidad. Esto, lejos de mejorar, va a seguir yendo a peor: cada año se introducen 1000 sustancias químicas nuevas, para las cuales obviamente no existen datos sobre el daño que puede causar en humanos su exposición prolongada. Se acaban de introducir en el mercado, pasarán décadas hasta que se pueda empezar a conocer algo sobre su impacto real sobre la salud humana.
 


La falacia de los estudios de toxicidad y seguridad alimentaria. Higiene no significa mejor salud

Si comes comida, estás ingiriendo pesticidas. Se utilizan varios kilos por persona y año, según datos de la FDA. Lo que se tergiversa con esto de la seguridad alimentaria, la higiene y los estudios toxicológicos que evalúan la “seguridad” de estas sustancias con las que rociamos los alimentos es lo siguiente: un alimento en mal estado provoca un proceso infeccioso en horas y por contigüidad temporal se pilla al culpable: alguna enterobacteria. Si hay una partida alimentaria contaminada con estas bacterias, se dispara una “alarma alimentaria”. Sin embargo, los alimentos plagados de químicos, pesticidas, antibióticos, etc., se manifiestan lentamente, quizás en forma de cáncer 10 o 20 años después. Y entonces no se sabe quién ha sido, no se puede señalar a ninguna sustancia química concreta, ni existe “alarma alimentaria” ni “evidencia científica”,

Cuando se introducen sustancias químicas en el mercado no se realizan estudios sobre la salud de las personas. Se realizan estudios de toxicidad. Estos estudios se realizan en ratas, no en humanos. Se realizan por separado y a corto plazo (es decir, con una sola sustancia química durante unos cuantos meses). Ésta no es la realidad de nuestra exposición a los químicos, que es conjunta a muchas sustancias químicas y durante muchos años. ¿En qué se basa en resumidas cuentas la falacia de los estudios de toxicidad? Si me permitís un ejemplo sencillo: si por separado se determina que dosis hasta 500mg de ibuprofeno son seguras, dosis hasta 500 mg de aspirina son seguras, dosis hasta 600mg de paracetamol son seguras, etc., entonces, eso significa que tomar 287 analgésicos a la vez a bajas dosis durante años es también es seguro. Lo cual es una extrapolación acientífica, malintencionada y peligrosa. Estos estudios en ratas no evalúan el impacto de estas sustancias sobre la salud de los seres humanos. Y aunque así fuera, se ha denunciado que el 65% de los pesticidas aprobados por la EPA ni siquiera han sido testados o no deberían haber sido aprobados por provocar daños graves (3). Otro aspecto interesante es que todo este baño de pesticidas y procesamientos para aumentar la conservación de los alimentos provocan sistemáticamente alimentos estériles, y el exceso de higiene al que sometemos nuestro estilo de vida desestabiliza y debilita nuestro sistema inmune (4).


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