miércoles, 27 de mayo de 2015

NUESTRA SALUD EN JUEGO



Conclusiones sobre la leche convencional

La leche convencional es uno de los alimentos más contaminados del mercado, conteniendo un cóctel de residuos de pesticidas, antibióticos, decenas de fármacos, metales pesados… Las dioxinas están entre las sustancias químicas más peligrosas conocidas por la ciencia, y son extremadamente cancerígenas. Sólo los lácteos, carne y pescado suponen el 90-95% de nuestra exposición a dioxinas, siendo los lácteos el mayor foco de estas sustancias aportando un 50% del total. La manipulación y el envasado suponen otra fuente de entrada a disruptores endocrinos y químicos mutagénicos. Ni siquiera los fabricantes de estos materiales conocen todos los migrantes potenciales del envase y los estudios científicos con este tema son, de nuevo, escasos, especialmente los estudios de migración en alimentos. La leche industrial es además el alimento con mayor exposición a hormonas (estrógenos), debido sobre todo a la preñez perpetua de las vacas con inseminación artificial y la recogida de leche en las etapas finales del embarazo, de mayor nivel hormonal. Estas hormonas estimulan algunos cánceres hormono-dependientes. La homogenización además podría hacer más biodisponible el IGF1, situación que en mi conocimiento, sigue sin investigarse de forma controlada.


La propaganda insiste en atiborrar a los niños a leche y “petit” a todas horas. Sin embargo, hay relación entre el consumo de leche en la niñez y el desarrollo sexual precoz como veremos en el próximo artículo. El desarrollo sexual precoz se correlaciona con un aumento en la incidencia de cáncer de mama. En niños, se ha encontrado que a mayor consumo de leche en la adolescencia mayores probabilidades de cáncer avanzado de próstata en la madurez.

Nada de lo que se hace es necesario para producir leche si se cuida la higiene, y hay tecnología suficiente como para vender leche cruda con garantía testando cada partida. Esto es fomentar las malas prácticas para reducir costes a costa de la salud de la gente, y una excusa para tapar leche de mala calidad. Huye de la leche UHT y de las marcas comerciales. Es mejor tomar un lácteo al día de calidad, que tomar dos o tres porciones de lácteos degradados y contaminados con residuos de toda clase de fármacos. La opción más saludable es: leche fresca, cruda certificada o de baja pasterización, orgánica, de vacas que pastan hierba fresca, sin homogenizar, en botella de cristal. Mejor aún: yogurt con esas mismas características.

La agricultura y ganadería ecológica (orgánica o bio) supone una alternativa a todas estas prácticas dañinas y abusivas. Sin embargo, no todo lo orgánico es, ni de lejos, de la misma calidad. La salud no es en absoluto cuestión de añadir algún antioxidante, vitamina o la chorrada de moda, y desde luego tampoco por ir al médico constantemente a mirarse el colesterol ni a por pastillas. La salud pasa sobre todo pasa por dejar de tomar productos contaminados con residuos de sustancias químicas de toda clase, y valores disminuidos de vitaminas, proteínas, enzimas o ácidos grasos.






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