Conclusiones sobre la leche convencional
La leche convencional es uno
de los alimentos más contaminados del mercado, conteniendo un cóctel de
residuos de pesticidas, antibióticos, decenas de fármacos, metales pesados… Las
dioxinas están entre las sustancias químicas más peligrosas conocidas por la
ciencia, y son extremadamente cancerígenas. Sólo los lácteos, carne y pescado
suponen el 90-95% de nuestra exposición a dioxinas, siendo los lácteos el mayor
foco de estas sustancias aportando un 50% del total. La manipulación y el
envasado suponen otra fuente de entrada a disruptores endocrinos y químicos
mutagénicos. Ni siquiera los fabricantes de estos materiales conocen todos los
migrantes potenciales del envase y los estudios científicos con este tema son,
de nuevo, escasos, especialmente los estudios de migración en alimentos. La
leche industrial es además el alimento con mayor exposición a hormonas (estrógenos),
debido sobre todo a la preñez perpetua de las vacas con inseminación artificial
y la recogida de leche en las etapas finales del embarazo, de mayor nivel
hormonal. Estas hormonas estimulan algunos cánceres hormono-dependientes. La
homogenización además podría hacer más biodisponible el IGF1, situación que en
mi conocimiento, sigue sin investigarse de forma controlada.
La propaganda insiste en
atiborrar a los niños a leche y “petit” a todas horas. Sin embargo, hay
relación entre el consumo de leche en la niñez y el desarrollo sexual precoz
como veremos en el próximo artículo. El desarrollo sexual precoz se
correlaciona con un aumento en la incidencia de cáncer de mama. En niños, se ha
encontrado que a mayor consumo de leche en la adolescencia mayores probabilidades
de cáncer avanzado de próstata en la madurez.
Nada de lo que se hace es
necesario para producir leche si se cuida la higiene, y hay tecnología
suficiente como para vender leche cruda con garantía testando cada partida.
Esto es fomentar las malas prácticas para reducir costes a costa de la salud de
la gente, y una excusa para tapar leche de mala calidad. Huye de la leche UHT y
de las marcas comerciales. Es mejor tomar un lácteo al día de calidad, que
tomar dos o tres porciones de lácteos degradados y contaminados con residuos de
toda clase de fármacos. La opción más saludable es: leche fresca, cruda
certificada o de baja pasterización, orgánica, de vacas que pastan hierba
fresca, sin homogenizar, en botella de cristal. Mejor aún: yogurt con esas
mismas características.
La agricultura y ganadería
ecológica (orgánica o bio) supone una alternativa a todas estas prácticas
dañinas y abusivas. Sin embargo, no todo lo orgánico es, ni de lejos, de la
misma calidad. La salud no es en absoluto cuestión de añadir algún
antioxidante, vitamina o la chorrada de moda, y desde luego tampoco por ir al
médico constantemente a mirarse el colesterol ni a por pastillas. La salud pasa
sobre todo pasa por dejar de tomar productos contaminados con residuos de sustancias
químicas de toda clase, y valores disminuidos de vitaminas, proteínas, enzimas
o ácidos grasos.

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